Study en Flensburgo

“Sin nosotros, faltaría una parcela del norte”

¿Estamos ya en Dinamarca? La pregunta predominante de los que visitan la ciudad. Y no es de extrañar. En los quioscos el periódico danés “Flensborg Avis” comparte los estantes con los diarios alemanes. Natural. En el puerto la tertulia es en danés y en el café de la principal avenida comercial “Holm”, el servicio recomienda el café danés (Kaffee satt) y la repostería danesa (Kopenhagener Gebäck). Vida cotidiana en Flensburg. Al fin y al cabo, la frontera está a 5 kilómetros y la minoría danesa que vive en esta tierra limítrofe tiene su importancia. Hagamos un poco de historia.

El rey de Dinamarca, regente de Flensburgo

La ciudad experimentó su primer auge en el siglo XVI, bajo la corona de Dinamarca. En aquel entonces, Flensburgo contaba ya con 5000 habitantes y su situación geográfica, en el fondo de un fiordo de 35 kilómetros de longitud, era privilegiada. La ciudad portuaria contaba con una flota de 200 naves de comercio y estaba a la altura o más de Hamburgo o Copenhague. En aquellos tiempos no había quien no ansiara la posesión de semejante puerto comercial. De entrada se produjeron diferencias entre los partidarios de Schleswig-Holstein y aquellos que preferían seguir bajo la administración danesa. En 1864 estalló la guerra. Sus consecuencias fueron la inclusión geográfica de Schleswig-Holstein en el Reino de Prusia como provincia y en 1871 como parte del imperio alemán. Pocos decenios después, finalizada la Gran Guerra, se establecieron las fronteras que valen hasta hoy. El Norte de la región pasó a Dinamarca y Flensburgo se convirtió en una ciudad fronteriza.

Europa unida

Tras la Segunda Guerra Mundial daneses y alemanes sólo tuvieron un objetivo común: la reconstrucción económica. La convivencia a ambos lados de la frontera se convirtió en un modelo para la Europa unida del futuro. Aquí se integran minorías nacionales y se respeta su identidad cultural. Un ejemplo que enorgullece a los ciudadanos de Flensburgo. Y dado que aquí se mezclan de manera ejemplar los hábitos de vida daneses y alemanes, Flensburgo fue elegida como sede del Centro Europeo para Cuestiones de Minorías (ECMI).

Huellas de los capitanes y los comerciantes

Los tiempos de la dominación danesa, cuando florecía el comercio y la flota de la ciudad volvía a puerto con las bodegas llenas, vivieron la creación de los característicos tinglados de Flensburgo. La mercancía era izada mediante poleas hasta los almacenes a pie de agua y estibada en varios pisos. En los superiores, a nivel de calle, residía el naviero o comerciante. En los patios laterales se trabajaba y refinaba la mercancía. La medida del tiempo la determinaban el adoquinado, las dimensiones de los portales y de ahí el tráfico de carretas de bueyes o manuales.

Acuíferos glaciares

Mucho, mucho más tarde, los tinglados fueron saneados y restaurados uno por uno. Pasaron a ser estudios para artistas, Brasseries, floristerías o vinotecas. Todos estos patios interiores gozan de un pozo propio. Incluso el agua es testimonio de la interacción europea. Desde hace siglos las aguas glaciares buscan aquí su camino hacia la superficie contribuyendo al merecido prestigio de las bebidas de Flensburgo.

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